¿Para qué valorar tu empresa? En la realidad de las compañías es frecuente encontrarnos en diferentes circunstancias en las que nos encontramos con la necesidad de contar con una valoración profesional de la misma.

A continuación compartimos enlace a un vídeo, «Vender una empresa: reflexiones previas – NORGESTION», en el que compartimos algunas reflexiones al respecto. También podéis consultar el artículo sobre este mismo vídeo.

Razones para valorar una empresa

Existen muchas razones para valorar tu empresa. A menudo su propiedad necesita disponer de una idea de valor porque:

  • Existe un tercero interesado en comprar la compañía.
  • Existe alguna disputa accionarial entre socios y conviene fijar un valor que permita dar salida a uno de los socios.
  • Se quiere acometer una ampliación de capital y es conveniente definir el valor que ha de asignarse al negocio con carácter previo.
  • Simplemente se quiere tener una referencia interna de valor.

Por qué preguntarnos sobre el valor de una empresa

Es evidente que los propietarios, más tarde o más temprano y por la razón que fuere, deben interrogarse sobre cuál es el valor de su negocio. Y a menudo la respuesta no es fácil. La contabilidad no siempre ayuda. El valor de los fondos propios no necesariamente refleja el valor de la empresa. La contabilidad es una herramienta que ha de permitir realizar un juicio sobre el valor del negocio pero no contiene por si misma la respuesta al valor de la empresa.

Para complicar más las cosas,  los propietarios pueden tener una visión sesgada del valorar tu empresa. Ya se sabe que “el ojo del amo engorda el caballo” y que resulta complicado para un  empresario evadirse de una “afectio moral” que implica componentes subjetivos que a veces distorsionan exageradamente el valor subjetivo frente al valor de mercado.

Conviene recordar que valor y precio no necesariamente coinciden. Una cosa es tratar de determinar un valor de mercado atribuible a un negocio, y otra cosa distinta es establecer un precio que responde a un acuerdo entre comprador y vendedor para realizar una transacción en función de un proceso de negociación sujeto a una serie de circunstancias y hechos que pueden alterar las diferencias entre el valor y el precio acordado.

En cualquier caso, la pregunta sigue siendo ineludible por parte de los propietarios. En algún momento de la vida de la empresa surge la cuestión: ¿Cuánto vale mi empresa?

Cómo saber cual es el valor de una empresa

Para paliar las dificultades técnicas y evitar subjetividades, el empresario puede apoyarse en un asesor que le ayude a formular un juicio más objetivo sobre cuál puede ser el valor de su empresa teniendo en cuenta sus particularidades y el fin último de cada valoración.

Hay que destacar cuatro ideas muy claras:

  • Es necesario conocer lo que vale nuestra empresa. La obligación de todo gestor y de todo propietario es conocer la creación de valor que genera su negocio. Las decisiones empresariales contribuyen a crear o destruir valor para el accionista. Dedicamos muchas horas y sacrificios de gestión como para renunciar a  conocer cuál es el valor de la empresa.
  • En la valoración de empresas no caben posturas dogmáticas. Al margen de su naturaleza de ciencia o de arte, parece necesario aproximarse a cualquier valoración con un espíritu crítico. Y, si como hemos dicho, no podemos ser totalmente rígidos, tampoco caben planteamientos absolutamente relativistas. Hay que sacar provecho de la metodología científica y el saber doctrinal. Hay que saber interpretar los distintos métodos de valoración, siendo conscientes de que en cualquier valoración hay múltiples aristas que condicionan cualquier opinión.
  • Como apuntábamos, estamos convencidos de que conviene asesorarse por un tercero independiente. Cualquier valoración debe realizarse desde cierta distancia. Si somos juez y parte de la valoración, el componente subjetivo de la misma se incrementa exponencialmente. Es necesario apoyarse en asesores independientes que aporten metodología y experiencia y también profesionalidad, objetividad e independencia.
  • El valor de la empresa fluctúa con el tiempo. Ya hemos dicho que la empresa es un ser vivo. Por ello, cualquier decisión empresarial como subir precios, reducir costes, invertir en activos industriales o ampliar mercados y productos tienen implicaciones más tarde o temprano en el valor de la empresa.

La obligación de un gestor y/o accionista es incrementar el valor de las acciones de su empresa. Y  toda su dedicación está dirigida a ese fin. No debe olvidarse de medir, cada cierto tiempo, el valor de su empresa. Probablemente sea uno de los indicadores de gestión más eficaces y a menudo relativamente más olvidados por gestores y empresarios.

En próximos artículos realizaremos una aproximación a los distintos métodos de valoración y analizaremos en detalle alguno de ellos.